UN INDOCUMENTADO
Félix Ovidio Cubías (primavera 2012)
Hondureño, residente en los Estados Unidos
La fiesta de la “calaca” ha continuado
y la algarabía de cascabeles y escorpiones
se percibe al andar, caminante indocumentado,
o al saltar por los riscos, muros y farallones.
Mientras tanto, las espinas de los cáctus se solazan
al razgar tu raída y mugrienta vestidura;
cuantos ideales y anhelos con lágrimas se abrazan
en la ruta final de tu triste desventura.
Ya vienen los “caínes negros” y los “arpáios blancos”, con paso de elefantes,
pisando tus sandalias embarradas de sangre y sudor,
embrutecidos por la droga y la xenófobia al inmigrante
esperándote en el cruce de Arizona, en el desierto del dolor
Son verdes monigótes con maquinas feróces,
dispuestos a darte caza como fiera salvaje
no importa la clemencia por torturas atroces
donde el sol y la luna tendrás como ropaje.
No habrá cruz, ni nadie contigo hermano
y solitario, en la agonía delirante, sentirás que has llegado,
a la meta ansiada del “sueño americano”,
sin haber siquiera el desierto infernal cruzado.
Y en ése desvarío, todo habría sido en vano,
y la fiesta de la “calaca”, habría terminado
con un epitafio tétrico, trágico e inhumano:
AQUÍ YACE ALGUIEN SIN PAPELES Y SIN FUTURO. Un indocumentado